El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —Escucha. Tú sabes la grande amistad que unÃa de muy antiguo al honrado conde con el duque de Monteclaro, compañero suyo de armas durante la Guerra de Sucesión…
—SÃ, la sé.
—Pues bien —continuó la Muerte—: tu padre, adivinando el amor que profesabas a la encantadora Elena, dirigió al duque, pocos momentos antes de expirar, una larga y sentida carta en que se lo declaraba todo, le pedÃa para ti la mano de su hija y le recordaba tantas y tan señaladas pruebas de amistad como se habÃan dado en todo tiempo…
—¿Y esa carta? —preguntó Gil con extraordinaria vehemencia.
—Esa carta sola hubiera convencido al duque, y ya serÃas su yerno… hace muchos años.
—¿Qué ha sido de esa carta? —volvió a preguntar el joven, trémulo de amor y rebosando de ira.
—Esa carta te hubiera ahorrado el entrar en relaciones conmigo… —continuó la Muerte.
—¡Oh!… ¡No seas cruel!… ¡Dime que la carta existe!
—Ésa es la verdad.
—¿Conque existe?
—SÃ.
—¿Quién la tiene?
—La misma persona que la interceptó.