El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —¡No vais a morir, porque nunca habéis vivido!… Al contrario, ¡vais a nacer a la vida del alma, que para vos será un sufrimiento eterno, como para los justos es una eterna bienaventuranza!
—¡Ah! ¡Conque voy a morir! —murmuró la enferma nuevamente, derramando lágrimas por la primera vez de su vida.
—¡No, condesa, no vais a morir! —replicó otra vez el médico con indecible majestad.
—¡Ah! ¡Tenedme compasión! —exclamó la pobre mujer recobrando la esperanza.
—No vais a morir —prosiguió el joven— supuesto que lloráis. El alma nunca muere, y el arrepentimiento puede abriros las puertas de una eterna vida…
—¡Ah, Dios mÃo! —exclamó la condesa, rendida por aquella cruel incertidumbre.