El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte Además, la noche antes un mensajero le habÃa entregado de parte de Felipe V, quien al fin se decidÃa a volver al trono de San Fernando, un tÃtulo de médico de cámara, el nombramiento de duque de la Verdad y treinta mil pesos en oro.
En fin: al otro dÃa debÃa verificarse su matrimonio con Elena de Monteclaro.
Por lo que respecta a la Muerte, Gil Gil la habÃa perdido completamente de vista desde la mañana anterior que salió de palacio llevándose el alma de Luis I.
Sin embargo, nuestro joven recordaba que la implacable deidad le habÃa ofrecido apadrinarlo en su casamiento con Elena, y ved la razón de que se paseara tan pensativo.
—¡He aquà —decÃa— que ya soy noble, rico y poderoso! ¡Heme aquà dueño de la mujer que idolatro!… Y sin embargo, no soy feliz. Anoche, al mirar a Elena, y luego en mi última plática con la Muerte, he creÃdo entrever no sé qué pavorosos misterios. ¡Yo necesito romper mis relaciones con el siniestro numen que me ha protegido!… Será una ingratitud… ¡Que lo sea! ¡Ya tendrá con el tiempo ocasión de vengarse! No… ¡No quiero ver más a la Muerte!… ¡Soy tan feliz!
El nuevo duque púsose a excogitar la manera de no tener amistad con la Muerte sino en la última hora de su vida.