El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte Gil se acercó al lecho del Rey.
El duque de Monteclaro colocóse al lado de nuestro amigo, y le dijo a media voz:
—Hasta mañana… Si muere el Rey, mañana se verificará vuestro enlace con mi hija. La Reina acaba de participarme la muerte del vizconde de Rionuevo… Yo le he anunciado vuestras bodas con Elena y las aplaude con todo su corazón. Mañana seréis el primer personaje de la corte si efectivamente baja hoy al sepulcro Luis I.
—¡Pues no lo dudéis, señor duque! —respondió Gil Gil con acento sepulcral.
—Entonces ¡hasta mañana! —repitió solemnemente Monteclaro.
Gil vuelve a ser dichoso, y acaba la primera parte de este cuento
Al día siguiente, el 1 de septiembre de 1724, a las nueve de la mañana, paseábase Gil Gil por una sala del palacio de Rionuevo.
Aquel palacio le pertenecía, puesto que era ya conde y estaba legitimado en virtud del testamento y demás papeles de su padre, que el duque de Monteclaro y el arzobispo de Toledo encontraron en el lugar que dijo la condesa.