El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —Pero ¿a qué has venido aquÃ? —exclamó el joven con acento de furor, enjugándose las lágrimas, como quien renuncia a la súplica, y quizá a la prudencia, y encarándose con la Muerte, no sin cierto aire de desafÃo—. ¿A qué has venido aquÃ? ¡Responde!
Y giró en torno la irritada vista como buscando un arma.
Cerca de él habÃa un azadón perteneciente al jardinero; cogiólo con mano convulsiva, lo levantó en el aire como si fuera débil caña (que la desesperación habÃa duplicado su fuerza), y repitió por tercera vez y con más ira que nunca:
—¿A qué has venido aqu�
La Muerte lanzó una carcajada que debiéramos llamar filosófica.
El eco de aquella risa se prolongó por mucho rato, repercutiendo en las cuatro tapias del jardÃn y remedando con su estridente son el chasquido de los huesos de muerto cuando dan unos contra otros.
—¡Quieres matarme! —exclamó por fin el ser enlutado—. ¿Conque la Vida se atreve con la Muerte? Esto es curioso… ¡Luchemos!
Dijo, y echando atrás su larga capa negra, mostró un brazo armado de otra especie de azadón (que más parecÃa una hoz o guadaña) y se puso en guardia enfrente de Gil Gil.