El Capitán Veneno
El Capitán Veneno —Suba el caballero… En la biblioteca lo encontrará. S. E. no gusta de que le anunciemos las visitas, sino de que dejemos entrar a todo el mundo como a Pedro por su casa.
—Afortunadamente… —exclamó para sà el visitante, subiendo la escalera— yo me sé de memoria la casa, aunque no me llamo Pedro… ¡Conque en la biblioteca!…, ¿eh? ¡Quién habÃa de decir que el Capitán Veneno se metiese a sabio!
Recorrido que hubo aquella persona varias habitaciones, encontrando al paso a nuevos sirvientes que se limitaban a repetirle: El señor está en la biblioteca, llegó al fin a la historiada puerta de tal aposento, la abrió de pronto, y quedó estupefacto al ver el grupo que se ofreció ante su vista.
En medio de la estancia hallábase un hombre puesto a cuatro pies sobre la alfombra; encima de él estaba montado un niño como de tres años, espoleándolo con los talones, y otro niño, como de año y medio, colocado delante de su despeinada cabeza, le tiraba de la corbata, como de un ronzal, diciéndole borrosamente:
¡Arre, mula!