El Capitán Veneno
El Capitán Veneno —Me muero, Capitán… Lo conozco… Inútil fuera llamar al médico… Llamaremos al confesor… ¡eso sÃ!… aunque se asuste mi pobre hija… Pero será cuando V. y yo acabemos de hablar. ¡Porque lo urgente ahora es que hablemos nosotros dos sin testigos!…
—¡Pues ya estamos hablando! —respondió el Capitán, atusándose los bigotes en señal de miedo—. ¡PÃdame V. la poca y mala sangre con que entré en esta casa y la mucha y muy rica que he criado en ella, y toda la derramaré con gusto!…
—Ya lo sé… Ya lo sé, amigo mÃo… Usted es muy honrado, y nos quiere… Pues, mi querido Capitán; sépalo V. todo… Ayer tarde vino mi procurador, y me dijo que el Gobierno habÃa decretado en contra del expediente de mi viudedad.
—¡Demonio! ¿Y por esa friolera se apura V.? ¡Me ha denegado a mà el Gobierno tantas instancias!
—Ya no soy ni Condesa ni Generala… —continuó la viuda—. ¡TenÃa V. mucha razón cuando me escatimaba esos tÃtulos!
—¡Mejor que mejor! ¡Yo no soy tampoco General ni Marqués, y mi abuelo era lo uno y lo otro! Estamos iguales.