El Capitán Veneno
El Capitán Veneno —¡Pero es que mi atranque no tiene remedio! Todos mis recursos y todo el porvenir de mi hija estaban cifrados en esa viudedad, que con el tiempo hubiera sido la orfandad de Angustias… Y hoy… la desgraciada no tiene porvenir, ni presente, ni dinero para enterrarme… Porque ha de saber V. que el abogado que me asesoraba, herido en su orgullo, de resultas de haberle desdeñado la chica, o deseoso de aumentar nuestra desgracia, a fin de rendir la voluntad de Angustias y obligarla a casarse con él… me envió anteanoche la cuenta de sus honorarios, al mismo tiempo que la fatal noticia… El procurador traÃa también la relación de los suyos, y me habló en un lenguaje tan cruel, de parte del abogado, mezclando las palabras «desconfianza…», «insolvencia», «ejecución», y yo no sé qué otras, que cegué y no vi, tiré de la gaveta, y le entregué todo lo que me pedÃa; es decir, todo lo que me quedaba, lo que me habÃan dado por la gargantilla de perlas, mi último dinero, mi último pedazo de pan… Por consiguiente, desde anteanoche es Angustias tan pobre como las infelices que piden de puerta en puerta… ¡Y ella lo ignora! ¡Ella duerme tranquila en este instante! ¿Cómo, pues, no he de estar muriéndome?… ¡Lo raro es que no me muriera anteanoche!