El clavo
El clavo —Porque yo también tengo algo de Mirabeau; no en la cabeza, sino en la sangre. Necesito lo que usted… ¡Una primavera que me vivifique!
—¡Somos muy desdichados! En fin…, usted tendrá la bondad de no huir de mà en adelante…
—Señora, iba a pedirla a usted permiso para visitarla.
Nos despedimos.
—¿Quién es esta mujer? —pregunté a un amigo mÃo.
—Una americana que se llama Mercedes de Meridanueva —me contestó—. Es todo lo que sé, y mucho más de lo que se sabe generalmente.