El niño de la bola
El niño de la bola De pronto, todos los animales se avisparon y echaron a correr o a volar, apartándose del camino, y una nube de polvo empañó la transparencia de la atmósfera hacia la parte de la capital.
Era que venía el hombre.
Y pues que el hombre solía pasar por allí, según hemos dicho, dando el mal ejemplo de temer hallarse con sus prójimos, nada tuvo de particular ni de ofensivo para el soberano de la Creación el que los humildes irracionales se apresurasen también de aquel modo a evitar su real presencia.