El niño de la bola
El niño de la bola Pronto salieron de su error aquellos ilusos; don Elías no aguardó siquiera a que acabase de humear el incendio de su casa (donde, dicho sea entre nosotros, había perdido únicamente el valor del edificio y seis u ocho mil duros en ropas y muebles, en las alhajas de su hija y en un poco de dinero contante y sonante), sino que el mismo día del entierro del caballero presentó al Juzgado los vales y recibos de éste, reclamando la totalidad del adeudo, o sea tres millones de reales en números redondos.