El niño de la bola

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3.ª Que no fue el prestamista quien puso fuego a su propia casa, sino precisamente sus apurados deudores, entre los cuales figuraba en primera línea don Rodrigo Venegas, y que si éste murió por salvar los valiosos papeles de su acreedor, también se libró con ello de la ignominiosa imputación de incendiario y petardista que seguía pesando sobre los demás, y alcanzó de camino una nueva gloria, cuyo mérito consistía cabalmente en que aquella valerosa acción pareció tan desinteresada como espontánea; nobilísimo carácter que hubiera perdido desde el momento en que, por premio de ella, don Elías Pérez y Sánchez hubiera hecho alguna donación o rebaja a don Rodrigo Venegas o al pobre huérfano; pues entonces el acto heroico se habría convertido, a los ojos de los maldicientes, en un atrevido medio de ahorrarse dinero o de procurárselo a su hijo; cosa que hubiera rechazado enérgicamente el hijodalgo desde este mundo o desde el otro.








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