El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos Una vez reunida la tertulia, el señor obispo tomó la palabra, y dijo que, por lo mismo que habían pasado ciertas cosas en aquella casa, sus canónigos y él seguirían yendo a ella lo mismo que antes, para que ni los honrados molineros ni las demás personas allí presentes participasen de la censura pública, sólo merecida por aquel que había profanado con su torpe conducta una reunión tan morigerada y tan honesta. Exhortó paternalmente a la señá Frasquita para que en lo sucesivo fuese menos provocativa y tentadora en sus dichos y ademanes, y procurase llevar más cubiertos los brazos y más alto el escote del jubón, aconsejó al tío Lucas más desinterés, mayor circunspección y menos inmodestia en su trato con los superiores, y acabó dando la bendición a todos y diciendo que, como aquel día no ayunaba, se comería con mucho gusto un par de racimos de uvas.
Lo mismo opinaron todos… respecto de este último particular…, y la parra se quedó temblando aquella tarde. ¡En dos arrobas de uvas apreció el gasto el molinero!
Cerca de tres años continuaron estas sabrosas reuniones, hasta que, contra la previsión de todo el mundo, entraron en España los ejércitos de Napoleón y se armó la Guerra de la Independencia.