El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —No lo digo por mÃ… ¡Ya se hubiera guardado, por más corregidor que sea, de decirme «los ojos tienes negros»!
La que asà hablaba era fea en grado superlativo.
—Pues mira, hija, ¡allá ellos! —replicó el llamado Manuel—. Yo no creo al tÃo Lucas hombre de consentir… ¡Bonito genio tiene el tÃo Lucas cuando se enfada!…
—Pero, en fin, ¡si ve que le conviene!… —añadió la tÃa Josefa, retorciendo el hocico.
—El tÃo Lucas es hombre de bien… —repuso el lugareño—; y a un hombre de bien nunca pueden convenirle ciertas cosas…
—Pues entonces, tienes razón… ¡Allà ellos! ¡Si yo fuera la señá Frasquita!…
—¡Arre, burra! —gritó el marido, para mudar la conversación.
Y la burra salió al trote; con lo que no pudo oÃrse el resto del diálogo.