El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —Corta.
—¡No me interrumpas!
El alguacil volvió a saludar.
—Corta… —prosiguió el corregidor—. Por consiguiente, a las diez… ¿Crees tú que a las diez?…
—¡Antes de las diez! ¡A las nueve y media puede UsÃa llamar descuidado a la puerta del molino!
—¡Hombre! ¡No me digas a mà lo que tengo que hacer!… Por supuesto que tú estarás…
—Yo estaré en todas partes… Pero mi cuartel general será la ramblilla. ¡Ah, se me olvidaba!… Vaya UsÃa a pie, y no lleve linterna…
—¡Maldita la falta que me hacÃan tampoco esos consejos! ¿Si creerás tú que es la primera vez que salgo a campaña?
—Perdone UsÃa… ¡Ah! Otra cosa. No llame UsÃa a la puerta grande que da a la plazoleta del emparrado, sino a la puertecilla que hay encima del caz…
—¿Encima del caz hay otra puerta? ¡Mira tú una cosa que nunca se me hubiera ocurrido!
—SÃ, señor. La puertecilla del caz da al mismÃsimo dormitorio de los molineros…, y el tÃo Lucas no entra ni sale nunca por ella. De forma que, aunque volviese de pronto…
—Comprendo, comprendo… ¡No me aturdas más los oÃdos!