La Alpujarra

La Alpujarra

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Pero sea como quiera, habéis de convenir, amadísimos lectores, en que no iba a la Alpujarra mal acompañado…

Acompañadme también vosotros con una benévola atención, y este viaje será redondo.

- II -

En la Vega de Granada. —Los Llanos de Armilla. —El Mulhacén. —Un cadáver misántropo

A las ocho en punto arrancó la Diligencia.

La mañana estaba hermosa, fulgente, llena de anuncios de la primavera que iba a empezar…

Esto… por lo que respecta al cielo; que en la tierra, es decir, en aquella magnífica Vega que pocos momentos después recorríamos, todavía era invierno, si bien un invierno granadino.

Los trigos, las cebadas, los centenos y las hortalizas mostraban alternados sus distintos verdes en espléndidas llanadas que se perdían de vista al Norte y al ocaso, mientras que, a mediodía y Levante, dejábamos atrás bosques de frutales y prolongadísimas alamedas, sin flores aún y sin hojas.

Los áridos esqueletos de sus ramas ofrecían un contraste muy filosófico con el perenne verdor de los olivos de Huétor y de los cipreses y laureles de la Zubia… Pero todavía era demasiado pronto para filosofar.

Insensiblemente, fuimos subiendo de la junta del Darro y del Genil (donde Sor Ana de San Jerónimo había dicho:


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