La Alpujarra
La Alpujarra Entonces uno de nosotros pidió la palabra; y, bien que no tomando un puño de bellotas en la mano como D. Quijote (pues las encinas no daban más que sombra en aquella estación); pero sà tendiéndose a la larga sobre un lecho natural de seco musgo, y fijando los ojos en aquellos árboles seculares que tantas bellotas habrÃan criado, enderezó a la reunión (tendida también boca arriba en aquella azotea del globo terrestre) el siguiente elocuentÃsimo discurso… que os aconsejo leáis, puesto que os servirá de clave para entender todas mis pasadas y futuras descripciones de la comarca alpujarreña:
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«Pues, señor, está visto; y se equivoca el que se figure lo contrario: no basta, ni por asomos, haber recorrido la cadena de los Alpes o la de los Pirineos (entre las cuales ocupa el término medio, como elevación, la cadena de Sierra Nevada); digo más: no basta tampoco haber contemplado la faz septentrional de esta misma Sierra, para poder figurarse de manera alguna la fisonomÃa general de los montes y valles que van apareciendo a nuestros ojos.