La Alpujarra
La Alpujarra Pero reparo que estoy plagiándome a mà mismo; pues ya hace muchos años que, refiriéndome a unas momias egipcias (¡y cuenta que aquello era ya menos extraño a mi imaginación y al mundo de mis ilusiones!), expuse esta misma teorÃa.
«Cuando los testimonios del tiempo pasado —dije entonces[42]— se refieren solamente a tres, a doce, hasta a veinte siglos, producen en el alma poéticas vibraciones; pero cuando se extienden más allá de la historia de nuestra raza; cuando nos hablan de civilizaciones anteriores a la nuestra; cuándo nos revelan un mundo completamente extraño a nuestra genealogÃa histórica, lo que despiertan en el espÃritu es una glacial filosofÃa, una ráfaga de muerte, que aniquila y barre todas las imágenes que son vida de la vida y sustancia de la imaginación. Un sepulcro de la Edad Media, por ejemplo, se contempla por todo latino con amor, con devoción, con reverente melancolÃa… DirÃase que a él nos une un sentimiento filial y religioso… Pero las ruinas de Palmira, una sepultura pelasga, un jeroglÃfico de Tebas, nos inspiran graves y áridos pensamientos y una indiferencia estoica muy semejante a la misantropÃa».
Por consiguiente, transeamus.
Las Angosturas de Albuñol.—La costumbre de vivir. —Lontananzas, perspectivas, panoramas alpujarreños—. La Encina Visa
