La Alpujarra
La Alpujarra Y es que nosotros la consideramos desde luego irreemplazable. Una nueva encina que allà se plantara no valdrÃa más que un árbol de lienzo pintado de los que figuran en los teatros…
Hay cosas que no se heredan… como hay otras que no se improvisan.
Noticias de Constantinopla y de otros puntos. —El Peñón de las Guájaras.—Llegamos a Murtas
El caserÃo del Cortijo de la Negra dista de allà poquÃsimos pasos, y está como escondido detrás del cerro que sirve de pedestal a la Encina Visa.
Ya he dicho que en la Alpujarra toda vivienda humana se oculta, en lugar de exhibirse.
Pero ¿por qué se llama aquella heredad el Cortijo de la Negra? Esta Negra ¿es la propia Encina Visa? —¿La apellidarÃan asà algunos, refiriéndose a su oscura proyección sobre el cielo?— ¿o el cortijo no debe su nombre a la Encina, sino a alguna Negra, de carne y hueso que lo poseyó o lo labró en tiempo de los moros?
Cuestión es esta que inútilmente tratamos de poner en claro; y no por su opaca naturaleza; ni porque era la hora de tomar las once; ni porque, en efecto, las tomamos en aquel cortijo (en una hermosa y fresquÃsima bodega que más parecÃa una pagoda); sino porque nadie sabÃa lo cierto, —cosa frecuente en este mundo—.
