La Alpujarra
La Alpujarra —Es verdad. Asà no detendrán su marcha por esperarnos. Lo mejor es escribirles.
Y, diciendo y haciendo, escribimos con lápiz en una tarjeta las siguientes lÃneas:
«Son en Turón las dos y diez minutos. Salimos para Adra. Procuren ustedes estar en Albuñol antes que nosotros».
Como veis, el desafÃo era horrible. TenÃamos que morir o vencer.
Entregamos la tarjeta a otro criado; montamos a caballo, y partimos.
Cuando ya Ãbamos andando, oÃmos la voz de los alpujarreños, que nos gritaban desde un balcón:
—¡Hasta mañana, caballeros! ¡Buen viaje! ¡Que duerman ustedes bien en Adra!
—¡Hasta esta noche a las ocho! —contestamos nosotros melodramáticamente.
Y metimos espuelas.
Viaje aéreo. —Vista de Berja
No hay hombre cuerdo a caballo.
(Adagio español).
Una vez fuera de Turón, nuestro primer cuidado fue repartir el tiempo de que podÃamos disponer.
