La Alpujarra
La Alpujarra HabÃamos perdido el cuarto de hora ganado en el camino. Nos quedaba el tiempo tasado (según nuestro primitivo presupuesto) para llegar a Albuñol a la hora de la cita…
—Mucho tienen ustedes que correr… —exclamó nuestro amigo con penosa desconfianza.
—¡Ca! ¡No llegan! —le habÃa dicho ya por lo bajo el posadero.
—Espero llegar antes, —contesté yo, metiendo espuelas.
—¡O antes… o nunca! —añadió mi primo, arrancando detrás de mÃ.
El guÃa iba corriendo a lo lejos, por la playa en que desemboca la Carrera, haciéndonos señas de que lo siguiéramos.
¡Desgraciado! ¡No sabÃa él en la que se habÃa metido!
Playas y puntas. ¿Llegamos o no llegamos?
Tan luego como salimos de Adra, enderecé a mi primo el siguiente discurso, al compás del galope de nuestros caballos:
