La Alpujarra
La Alpujarra Vivía, pues, a orillas del Andarax aquel régulo que había sido verdadero Rey; y vivía tranquilo, ya que no dichoso. Rico, espléndido, querido de sus súbditos, habíase consagrado exclusivamente al amor de su esposa, la mansa y hechicera MORAIMA (que tanto elogian los cronistas africanos), y al cuidado del Infantico, cuyos rastros pierden luego las historias[6]. Su único esparcimiento era la caza de liebres con galgos, o de pájaros con azores, que le hacía extenderse a veces seis y ocho leguas, hasta el término de sus dominios, por los campos de Berja, y de Dalias, y pasar semanas enteras fuera de su casa[7].
Mas he aquí que los REYES CATÓLICOS juzgaron que la permanencia de BOABDIL en España podría ser inconveniente con el tiempo; y aunque ninguna queja abrigaban de él, ni respecto de sus pasos y conversaciones (que sabían diariamente, por tener comprado a su Ministro ABEN-COMIXA), propusiéronse obligarlo, ya que no podían compelerlo, a emigrar por siempre de nuestra tierra.
A las primeras proposiciones que se le hicieron, en Diciembre del mismo año de 1492, fundadas en argumentos especiosos, para que vendiese sus bienes y se marchase a África, el príncipe islamita se alteró mucho y dio esta sentida respuesta: «Yo he cedido un Reino para estar en paz, y no he de ir a otro ajeno a estar en cuestiones[8]».
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