La Alpujarra
La Alpujarra Que explicamos en plena tertulia todo lo ocurrido; que nuestros compañeros de viaje empezaron por poner en duda que hubiésemos estado en Adra; que los documentos que llevábamos acabaron por convencerlos plenamente; que entonces nos celebraron y felicitaron con la mayor nobleza; que los hijos del país nos admiraron y elogiaron también muchísimo, diciendo que no había ejemplo de una caminata semejante; que mi primo y yo no cabíamos de orgullo en el pellejo; que comimos como ogros, que no nos acostamos sin abrazar y besar a nuestros caballos, y que aquella noche dormimos como Napoleón después de la batalla de Austerlitz, o como Castaños después de la batalla de Bailén, son cosas que se caen de su peso y que no tengo para qué contaros…
Pero lo que sí me cumple referiros, a riesgo de que no lo creáis, es que no me dormí sin reunir antes en torno de mi lecho a los historiadores y celebrar con ellos una nueva consulta…
Érame absolutamente indispensable estudiar a fondo aquella misma noche la gran campaña del MARQUÉS DE LOS VÉLEZ contra ABEN-HUMEYA, o por mejor decir, de ABEN-HUMEYA contra el MARQUÉS DE LOS VÉLEZ, en que ambos compitieron en heroísmo, y que cierra brillantemente la historia militar del reyezuelo de la Alpujarra…