La Alpujarra
La Alpujarra Después de su memorable campaña de Vera, «D. HERNANDO DE VALOR (dice D. Diego Hurtado de Mendoza) tornó a Andarax, donde, como asegurado de su fortuna, vivía ya con estado de Rey, pero con arbitrio de tirano, señor de haciendas y de personas… Con todo esto, duró algunos días, que le hacían entender que era bien quisto, y él lo creía, ignorante de su condición, hasta que el vulgo empezó a tratar de su manera, de su vida, de su gobierno, todo con libertad y desprecio, como riguroso y tenido en poco. Apartáronse de su servicio, descontentas, algunas cabezas que tomaron avilantez… Quejábanse los turcos, entre otros muchos, que, habiendo dejado su tierra por venir a servirle, no los ocupaba donde ganasen… Mas él, espacioso, irresoluto hasta su daño, tanto dilató la respuesta, que se enemistó con ellos, habiéndolos traído para su seguridad, y después proveyó fuera de tiempo».