Bajo las lilas
Bajo las lilas Thorny se rió a pesar suyo, y la señorita Celia, comprendiendo que el hielo estaba roto, empujo la silla del niño hasta colocarlo junto a uno de los extremos de la mesa. Luego ubico a las niñas a un lado y a Ben y a Sancho al otro; en seguida se sentó ella a la cabecera e indico a sus invitados que comenzasen a servirse.
Muy pronto, Bab y Betty conversaban animadamente con su nueva amiga como si la conociesen desde mucho tiempo atrás. Los niños, en cambio, no habían perdido la timidez, y Sancho hacía de intermediario. El excelente animal se comportaba con toda corrección y se había sentado sobre su almohadón con tanta seriedad, que hasta parecía que era una falta de respeto ofrecerle algo de comer. Habían preparado especialmente para él un plato de «sandwiches» y cuando Ben, de tanto en tanto, le ponía uno delante, afectaba completa indiferencia hasta el momento en que recibía la orden de comerlo. Entonces lo devoraba de un solo bocado, e inmediatamente volvía a absorberse en sus profundos pensamientos.