Bajo las lilas
Bajo las lilas —¡Cómo me hubiera gustado haberlos visto y saber cómo los amaestraban!… Sancho: tendrás que estudiar mucho porque no quiero que te derrote ningún perro francés —dijo Ben moviendo el Ãndice con tanta severidad que el perro se arrastró a sus pies y se llevó ambas patas a los ojos como si estuviera a punto de echarse a llorar.
—¿Hay alguna lámina o fotografÃa de esos inteligentes perros? —preguntó Ben echando una mirada al libro que la señorita Celia habÃa dejado abierto sobre su falda.
—De ellos ninguna, pero sà de otros animales. Hay también anécdotas en las que intervienen caballos que no dudo te interesarán mucho. —Y la joven hizo volver rápidamente las hojas del libro sin imaginar cuánto consuelo irÃan a prodigar aquellas páginas al muchacho a quien, muy pronto afligirÃa una profunda pena.