Bajo las lilas
Bajo las lilas A Thorny le gustaba aquello, de modo que se olvidaba de la enojosa discusión y se ponía a hablar de cosas más agradables. Y así la amenazadora pelea terminaba en carcajadas que festejaban alguna ocurrencia y, por tácito acuerdo, evitaban el asunto «piernas» hasta que algún accidente lo traía a colación nuevamente.
El sentimiento de rivalidad existe hasta en los mejores de nosotros y es un sentimiento inspirador y provechoso si sabemos hacer buen uso de él. La señorita Celia sabía eso y se valía de ello para que los niños pudieran beneficiarse mutuamente. Impedía que hicieran comparaciones desagradables, pero los impulsaba a que imitaran y tomaran las cosas buenas y hermosas dondequiera las hallaran. Thorny admiraba la destreza de Ben, su actividad e independencia; Ben envidiaba los conocimientos ele Thorny, sus buenos modales y la comodidad en que vivía, y cuando una palabra autorizada ponía cada cosa en su lugar, ambos quedaban tranquilos y contentos, seguros de que había una cierta igualdad entre ellos, ya que el dinero no podía comprar la salud, y el conocimiento práctico demostraba ser tan útil como cualquier conocimiento aprendido en los libros. De tal manera que intercambiaban sus experiencias, emociones y saber y así se sentían los dos mejores y más felices. Solamente de ese modo puede llegar a amarse al prójimo cono a uno mismo y a extraer la verdadera dulzura de la vida.