Bajo las lilas
Bajo las lilas —Bueno, ¡quisiera ver ahora quién se atreve a quitarme mi trozo de torta!… —exclamó Bab en son de desafÃo al mismo tiempo que mordÃa su mitad de la B.
—¡O el mÃo!… —tosió Betty, ahogada por una pasa que no quiso pasar rápidamente por su garganta.
—DeberÃamos limpiar todo esto y simular que nos azotó un terremoto —sugirió Bab, juzgando que sólo semejante conmoción de la naturaleza podÃa explicar el aspecto desolado que ofrecÃa su familia.
—¡Buena idea!… A mi pobre Linda la golpearon en la nariz. ¡Querida mÃa!… ¡Ven con tu mamá que ella te sanará! —murmuro Betty levantando a su Ãdolo que yacÃa entre una maraña de pasto y limpiando el rostro de Belinda que, sin embargo, sonreÃa heroicamente.
—Con toda seguridad que esta noche tendrás tos ferina. SerÃa bueno preparar una tisana con un poco de agua y el azúcar que nos queda… —manifestó Bab a quien agradaba en extremo inventar recetas para las muñecas.
—Quizás ocurra lo que tú dices, pero entretanto no necesitas ponerte a estornudar por mis hijos —replicó Betty fastidiada, pues los últimos acontecimientos habÃan alterado su natural carácter conciliador.
—¡Yo no estornude!… Bastante tengo con conversar, llorar y toser por mis pobres criaturas para ocuparme de las tuyas —gritó Bab más enfadada aún que su hermana.