Bajo las lilas
Bajo las lilas —¿Quién lo hizo, entonces? Yo he oÃdo un estornudo con toda claridad —y Betty miro hacia el verde techo como si el sonido hubiera provenido de allÃ. A excepción de un pajarito amarillo que piando se balanceaba sobre las grandes lilas no habÃa ningún otro ser viviente a la vista.
—Los pájaros no estornudan, ¿verdad? —preguntó Betty dirigiendo al animalito una mirada de sospecha.
—¡Tonta!… ¡Por supuesto que no!…
—Me agradarÃa saber entonces quién anda por aquà estornudando y riéndose. Quizá sea el perro… —sugirió Betty algo tranquilizada por esa idea.
—Excepto el de mamá Hubbard ningún perro se rÃe. Pero éste es tan extraño que tal vez también él separa hacerlo. ¿Adónde se habrá ido? —y Bab echó un vistazo hacia ambos lados de la avenida con el deseo de volver a ver al gracioso animal.
—Lo que se es adonde me voy a ir yo —dijo Betty guardando las muñecas en su delantal con más apuro que cuidado—. Voy derecho a casa a contarle a mamá lo ocurrido. No me gustan estas cosas y además tengo miedo.