Bajo las lilas
Bajo las lilas —Yo no, pero creo que está por llover de manera que también tendré que irme —contesto Bab aprovechando la excusa que le ofrecÃan unas nubes que cruzaban el cielo, ya que le molestaba demostrar que sentÃa temor por algo.
Bab levanto la mesa rápidamente tomando el mantel por las cuatro puntas, puso la vajilla en su delantal, amontono encima a sus hijos y declaro que estaba lista para partir. Betty se demoro un instante guardando las cosas que la lluvia podÃa estropear y cuando se volvÃa para recoger el rojo dogal que colgaba del llamador vio sobre los escalones de piedras dos hermosas rosas rojas.
—¡Oh, Bab!… ¡Mira!… He aquà las rosas que tanto deseábamos. ¿No es maravilloso que el viento las haya arrojado a nuestros pies? —gritó levantándolas y corriendo tras de su hermana quien se alejaba preocupada sin poder dejar de pensar en declarada enemiga Sally Folsom.
Las flores llenaron de alegrÃa a las dos niñas. Mucho las habÃan deseado, pero resistieron con firmeza la tentación de treparse a las rejas para cortarlas. La mamá les habÃa prohibido semejantes piruetas desde que Bab se cayera por querer alcanzar una rama de madreselva que florecÃa sobre el dintel del «porch».