Bajo las lilas
Bajo las lilas Se fueron a su casa y divirtieron a la señora Moss contándole lo ocurrido. Porque a ella no le impresionaron ni los misteriosos estornudos ni las extrañas risas, e imaginó que todo serÃa consecuencia de alguna travesura de las niñas.
—El lunes haremos una excursión para descubrir qué hay oculto por allà —fue su único comentario.
Pero la señora Moss no pudo cumplir su promesa porque el lunes llovió. Protegidas por sus botitas de goma, las pequeñas fueron al colegio chapoteando como dos patitos en cuanto charco encontraban. Llevaron sus almuerzos, y a mediodÃa, entretuvieron a un grupo de compañeras relatándoles lo que vieran hacer al misterioso perro, el cual andaba merodeando por la vecindad y habÃa sido visto por varias niñas en el patio del fondo de sus casas. A todas se habÃa dirigido como si quisiera pedirles algo, pero ante ninguna habÃa hecho las exhibiciones y proezas que hiciera ante Betty y Bab, razón por la cual ellas se daban importancia llamándolo nuestro perro. El paseo de la torta continuaba siendo un enigma, ya que Sally Folson declaro solemnemente que esa tarde, y a esa misma hora, ella habÃa estado jugando al tejo en el granero de Mamie Snow. A excepción de las dos niñas, nadie se habÃa acercado a la viera casa, de modo que ninguna pudo arrojar una luz sobre aquel sino alar suceso.