Bajo las lilas
Bajo las lilas Ben metió la mano en el agujero que habÃa tras el cajón y dijo:
—Aquà no hay más que un trozo de tela roja.
—Mi viejo limpiaplumas. Pero… ¿qué sucede ahora? —preguntó la señorita Celia al ver que Ben dejaba caer un montón de basura.
—Algo tibio se mueve dentro de esto —respondió Ben inclinándose para examinar el contenido del montoncito de desperdicios—. ¡Ratoncitos!… ¡Qué lindos!… ¡Tan pequeñitos!… Habrá que matarlos para que sigan el camino de la pobre madre que cayó en la trampa —exclamó Ben, olvidándose por un momento de sus tribulaciones y lleno de infantil curiosidad por aquel «descubrimiento».
La señorita Celia se agachó y levantó con toda suavidad la cuna roja, dentro de la cual y en medio de un montón de hilachas chillaban alarmados los pequeños ratoncitos. De pronto gritó:
—¡Niños!… ¡Niños!… ¡Encontré al ladrón!… Vengan y reúnan estos trozos de papel. Con ellos formarán los billetes perdidos.