Bajo las lilas
Bajo las lilas —¡Vamos, Ben!… No me guardes rencor. Tú has quedado mejor que yo. Yo he hecho el ridÃculo, ya que después de todas mis investigaciones lo único que he cazado ha sido un ratón.
—Y su familia… Pero yo estoy tan contenta de que haya sido asÃ, que casi siento pena por la pobre mamá rata. Ella y sus hijos debÃan vivir muy cómodos y felices dentro del viejo limpiaplumas… —dijo la señorita Ceda atropelladamente y simulando alegrÃa, deseosa de distraer a Ben, cuya indignación no habÃa desaparecido del todo aún, cosa que lamentaba la joven.
—Sin duda, la casa es bonita pero un poco cara —agregó Thorny que se puso a buscar a los huérfanos que habÃan abandonado mientras examinaban los papeles.
Pero ya no tenÃan por qué preocuparse por ellos. El gatito habÃa hecho su aparición en la escena y, haciendo de juez y jurado, dio buena cuenta de los pequeños culpables. Apenas si alcanzaron a ver cómo desaparecÃa la última y rosada lonchita por la boca de Kitty.
—A esto le llamarÃa Yo justicia sumaria. Toda la familia ejecutada en el lugar del hecho. Ahora que todo el mal entendido ha desaparecido vuelvo a tener apetito —dijo la señorita Celia riendo, y su risa era tan contagiosa que Ben se unió a ella a despecho del mal humor que lo embargaba momentos antes. Por eso, tampoco pudo resistirse a la muda súplica que le dirigÃan los ojos de la joven que parecÃan volver a pedir perdón.