Bajo las lilas
Bajo las lilas —Betty Moss: nunca olvidaré lo que has hecho. Desde este momento, la mitad de Sancho te pertenece y si yo muriese él será tuyo… —Y Ben selló ese juramento con un par de sonoros besos que dio a la niña en las sonrosadas mejillas.
Betty se sintió profundamente conmovida y sus ojos azules se llenaron de lágrimas que sin duda habrÃan corrido por las mejillas
Sancho no hubiese sacado la lengua como quien ofrece un pañuelo de bolsillo para secarlas. Las lágrimas se trocaron entonces en risas, a las que la única que no se unió fue Bab, pues ella se habÃa apartado sombrÃamente murmurando:
—Voy a ponerme a jugar con todos los perros rabiosos que encuentre. Puede que asà me consideren una buena niña y alguien une recompense por ello.
—¡Oh!… ¡Pobre Bah… Yo te perdono y te prestaré la parte que me corresponde de Sancho cuantas veces quieras —dijo Ben que se sentÃa magnánimo con todo el mundo, incluso con las niñas que juegan como los varones.
—Vamos a llevárselo a Celia —rogó Thorny deseoso de volver a hacer el relato.
—Es mejor que lo layes antes. Está espantoso, pobre animal… —comentó la señora Moss antes de correr precipitadamente en dirección a la cocina al recordar sus bollos.