Bajo las lilas
Bajo las lilas Si el secuestro de Sancho causa tanto revuelo, es de imaginar que su regreso y la noticia de sus padecimientos habrían de provocar un revuelo mucho mayor. Le prodigaron una calurosa y afectuosa bienvenida. Por varios días fue objeto de demostraciones de curiosidad y cariño por parte de las niñas y de los muchachos conocidos que acudían a compadecerlo por el pedazo de cola que le faltaba.
Sancho se comportaba con digna afabilidad y sentado en la cochera sobre la colchoneta observaba a sus visitantes pensativamente, y con toda paciencia soportaba sus caricias, mientras Ben y Thorny, por turno, relataban los pocos hechos dramáticos que conocían respecto a su desaparición y a su encuentro. Si a la interesante víctima le hubiera sido posible contar sus aventuras habría referido cosas emocionantes, pero el pobre no sabía hablar y los secretos de ese mes memorable jamás iban a ser conocidos.
La herida de la patita cicatrizó pronto, la tintura fue desapareciendo gracias a los interminables lavados y el pelo se tornó nuevamente sedoso y crespo. Un nuevo collar con elegantes letras le dio otra vez categoría de perro respetable y Sancho se consideró que era el mismo de antes. Pero era evidente que su genio, otrora manso y amable, se había agriado y a menudo parecía que él había perdido la confianza en los hombres.