Bajo las lilas
Bajo las lilas —Bien podrÃas pedirle prestada al alcalde su vieja lechuza embalsamada y usarla de blanco. PodrÃamos practicar y como es grande, tendrÃa más probabilidades de acertar —bromeó su hermana que acostumbraba a burlarse de Thorny cuando éste se daba aires de importancia.
La única respuesta de Thorny fue arrojar una flecha hacia arriba, y tan alto fue que se perdió de vista y tardó unos segundos en descender y clavarse en el suelo, cerca de ellos. Sancho la trajo entre sus dientes, muy contento con ese juego en el cual él también podÃa intervenir.
—No está mal… Ahora, Ben, tira tú…
Pero Ben tenÃa muy poca experiencia en materia de tiro con arco y no obstante sus esfuerzos para imitar a su predecesor, la flecha dio un débil salto y descendió peligrosamente cerca de la nariz levantada de Bab.
—Si ustedes ponen en peligro la vida y la integridad de los demás, lo único que conseguirán será que yo les confisque las armas. Tomen la huerta como campo de práctica. Es un lugar seguro y nosotras los miraremos desde aquÃ. Si tuviera sanas las manos les dibujarÃa un hermoso blanco —y la señorita Celia miró apesadumbrada el brazo que de muy poco le servÃa aún.
—También tú podrÃas tirar. VencerÃas a todos v yo me sentirÃa muy orgulloso de ti —aseguró Thorny con afectuoso acento de persona mayor.