Bajo las lilas
Bajo las lilas —Gracias. Pero puedo cederle mi lugar a Bah y Betty, si ustedes les fabrican algunos arcos y flechas. Ellas no podrán usar esos tan grandes.
Los jóvenes caballeros no tomaron la sugestión con tanto entusiasmo como esperaba la señorita Celia. La verdad fue que ambos se mostraron más bien indiferentes, como ocurre generalmente cuando se les propone a los muchachos que acepten en sus juegos a dos niñas pequeñas.
—Tal vez sea una molestia demasiado grande… —comenzó a decir Betty con su suave vocecita.
—Yo puedo hacerme el mÃo —declaró Bab con un rebelde movimiento de cabeza.
—Nada de eso. Te haré el arco más hermoso que jamás se haya visto. Betty —se apresuró a prometer Thorny enternecido por la mirada suplicante de la niña.
—Y tú puedes usar el mÃo, Bah. Tienes puños fuertes y creo que lo podrás manejar —agregó Ben pensando que no le vendrÃa mal tener un compañero que tirara peor que él, pues le molestaba sentirse inferior a Thorny en tantas cosas acostumbrado como habÃa estado a ser siempre el primero. Pero eso ya no ocurrÃa desde que se retirara a la vida privada.