Bajo las lilas

Bajo las lilas

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No dijo nada de todo eso a la señorita Celia, pero ella llegó a saberlo. Entonces lo quiso más al darse cuenta de que era capaz de soportar con tanta entereza sus sinsabores. Bab y Betty llegaron llenas de indignación cierto lunes por la tarde a consecuencia de ciertos insultos que Sam había proferido contra Ben. La señorita Celia las vio tan conmovidas que comprendió que no iban a prestar atención a sus lecturas, de modo que les pidió que le contaran lo acaecido. Las niñas prorrumpieron entonces en exclamaciones y frases entrecortadas que no dieron, por cierto, una idea muy clara del motivo de su indignación.

—… y dijo que Ben debía vivir en la casa de los cuidadores…

—… y Ben le contestó que él debía vivir en un chiquero.

—Y tiene razón. Ése es el sitio que le corresponde a un muchacho tan glotón que siempre lleva grandes manzanas y nunca convida a nadie…

—Sam se enojó y nosotras nos echamos a reír. Entonces él preguntó: «¿Quieres pelear?».

—Y Ben contestó: «No gracias. No es muy divertido golpear a un fardo de estopa».

—Sam se puso furioso y corrió a Ben hasta el arce gigante.

—Allá quedó Ben, trepado al árbol, de donde Sam no lo dejará bajar si no retira todo lo dicho.


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