Bajo las lilas
Bajo las lilas —Ben se niega y yo me temo une tendrá que quedarse allà toda la noche —manifestó Betty afligida.
—A él no le importa, y nosotros nos divertiremos llevándole la comida. Torta de nueces, queso y también algunas peras asadas. Se las arrojaremos y él las recogerá en el aire. ¡Es tan diestro!… —agregó Betty dispuesta a sacar buen partido de aquella situación.
—Si no aparece a la hora del té iremos a buscarlo. Me parece que va he oÃdo decir algo acerca de los malos ratos que Sam hace pasar a Ben. No estoy mal informada, verdad? —preguntó la señorita Celia dispuesta a defender a su protegido de las persecuciones injustas.
—SÃ, señorita. Sam y Moses están siempre molestando a Ben. Ellos son más grandes y nosotros no podemos hacerlos callar. Yo no he permitido que las niñas los imiten y los más pequeños no se atreven a hacerlo después de la reprensión de la maestra —explicó Bab, ilustrando sus palabras con amplios gestos.
—¿Por qué no ha hablado la señorita con los otros?
—Porque Ben no los ha acusado ni ha permitido ore lo hagamos nosotras. Nos ha dicho que sabe defenderse solo y que odia los chismes. Estoy segura de que tampoco le gustará saber que se lo hemos contado a usted. Pero no importa que lo sepa. Todo eso está muy mal. —Y Betty parecÃa próxima a echarse a llorar al recordar las tribulaciones por las que debÃa pasar su amigo.