Bajo las lilas
Bajo las lilas —¡No!… ¡La flecha de Ben ha dado más cerca del blanco!… —exclamaron los muchachos arrojando sus sombreros hacia lo alto.
La diferencia era mÃnima y Bab hubiera podido, honestamente, discutir la decisión. Pero no lo hizo, aunque por un instante no pudo dejar de desear que la aclamación general hubiese sido «¡Bab es la vencedora!…» «¡Hurra por Bab!…» Esas palabras habrÃan sonado deliciosamente en sus oÃdos. Pero luego vio el rostro iluminado de Ben, oyó el suspiro de alivio de Thorny y alcanzó a darse cuenta de la mirada bondadosa con que la envolvÃa la señorita Celia.
Y entonces comprendió, al mismo tiempo que su carita se arrebolaba de placer, que era verdad aquello de que perder un premio deparaba, a veces, más placer que ganarlo. Tiró ella también su sombrero al aire y gritó con voz chillona su «¡Hurra!…, hurra!», que sonó más fuerte y gracioso, ya que se oyó después que el rumor general se hubo apagado.
—¡Bien por Bab!… —exclamó a su vez Thorn—. Eres un honor para el club y yo estoy orgulloso de ti. —Y le dio un apretón de manos, pues, aunque su protegido habÃa salido victorioso no podÃa dejar de reconocer que la niña lo habÃa puesto en un serio peligro.