Bajo las lilas
Bajo las lilas Al finalizar el baile y el canto, Chin se retiró al jardín de té y bebió tantas tacitas de la infusión nacional con gestos tan cómicos que los espectadores se sintieron apesadumbrados cuando se abrió la ventana del otro lado y tuvieron que volver la cabeza hacia allí. Tras de la reja apareció un hermoso ser. La primera papa tenía su pareja, que era otra papa de mejillas sonrosadas, labios rojos, ojos negros y cejas oblicuas. Entre el manojo de seda oscura de la cabeza brillaban innumerables pinches y la bata suelta color rosado envolvía la redonda figura de esta dama china de primera clase. Después de asomarse discretamente para que todos pudiesen verla y admirarla, se puso a contar el dinero que extrajo de una petaca grande, que sus manos pequeñas apenas podían sostener sobre el alféizar de la ventana. Mientras ella estaba ocupada con aquello, la canción proseguía:
«La señorita Ki Hi era pequeña y redondita;
ella tenía dinero, pero el no.
Por eso, a cantarle una cancioncita
a la dama él se acercó».
Y en tanto se oía la canción pudo verse cómo Chan afinaba el instrumento hasta que se dirigió resueltamente en dirección al balcón a cantar la siguiente estrofa:
Whang fun li,