Bajo las lilas
Bajo las lilas —Ahora pueden hacer todo el bullicio que deseen, Lita ya ha dado un buen galope y ahora se quedará quieta como una oveja. Deténla. Ben, y regresa. Mi hermana dice que puedes enfriarte —gritó Thorny mientras el jinete se acercaba a medio galope después de haber saltado dos veces el portón de entrada.
No bien Ben se detuvo, los niños y niñas lo rodearon haciendo elogios en alta voz mientras contemplaban a la hermosa yegua y al personaje mitológico que descansaba cómodamente sobre su lomo. ParecÃa muy pequeño, como el verdadero dios del amor. HabÃa perdido una zapatilla y tenÃa las piernas salpicadas de rocÃo; la corona se le habÃa deslizado hasta el cuello y las alas de papel colgaban del manzano donde las habÃa dejado al pasar bajo aquél en fantástica carrera. Ya no importaba que le reconocieran, pero por quién sabe qué extraña razón, no quiso que continuaran observándolo y en lugar de quedarse a oÃr las palabras de admiración, huyó y desapareció con Lita tras el cortinado, en tanto que el público se dirigÃa a la enorme cocina donde harÃan el último juego del dÃa: la gallina ciega.
—Y bien, Ben, ¿estás satisfecho? —preguntó la señorita Celia deteniéndose a su lado para ayudarle a desembarazarse de su túnica transparente.
—SÃ, señorita, ¡muchas gracias!… Fue una gran emoción.