Bajo las lilas
Bajo las lilas —Pero estás muy serio. ¿Te sientes cansado o no quieres quitarte esas ropas y volver a ser el simple Ben de siempre? —inquirió la joven mirándolo a la cara mientras le alzaba la cabeza para sacarle la corona.
—¡Oh, sÃ!… ¡Quiero quitarme estas ropas! De otro modo no me considerarÃa respetable —y dio un fuerte puntapié a la corona que antes hiciera con tanto cuidado—. Luego agregó con una expresiva mirada: Deseo ser «el simple Ben» porque ése es el que usted quiere.
—Asà es, y me alegra mucho oÃrtelo decir, pues temÃa que añoraras la vida de antes. Entonces, todo cuanto hemos hecho para ayudarte habrÃa sido inútil. ¿Es verdad que no deseas, volver a lo de antes?
La señorita Celia sostuvo el mentón para observar la carita morena que le devolvÃa con honestidad la mirada.
—No, no deseo volver…, a no ser que él fuese allà y me necesitara a su lado.
Tembló el pequeño mentón pero los ojos negros miraban fijos y la voz sonaba sincera. Ella comprendió que decÃa la verdad. Acarició suavemente con su mano blanca la ensortijada cabeza y respondió con esa tierna voz que el niño tanto amaba, pues nunca le habÃan hablado asÃ: