Bajo las lilas
Bajo las lilas —Tu papá no volverá allá y, como sé que te quiere, estoy segura de que se alegrará de verte en este hogar. Ahora vete a vestir, pero antes dime si ha sido éste un cumpleaños feliz.
—¡Ah, señorita!… ¡Nunca imaginé que pudiese ser tan hermoso y éste es el momento más dichoso de todos!… No sé cómo agradecérselo, pero probaré a hacerlo. —Y no contento con sus palabras, Ben echó los brazos al cuello de la joven. Luego, avergonzado de su gesto, se arrodilló y se puso a desatar la única zapatilla que le quedaba.
Pero a la señorita Celia le agradó su gesto más que cualquier palabra que hubiese podido decirle y se alejó caminando bajo la luz de la luna diciendo para sÃ:
«Si puedo hacer volver una oveja descarriada al redil demostrare que puedo ser una buena esposa para un pastor.»