Bajo las lilas
Bajo las lilas —Me alegra oÃrte decir eso. Yo tengo resuelto hacer muchas buenas obras en este lugar. He procurado comenzar este verano y cuando regrese trabajaré con fervor para ser asà la digna esposa de un ministro, religioso. Tú me ayudarás.
—¡La ayudaremos!… —prometieron las dos niñas dispuestas a hacer de todo, excepto predicar desde el púlpito.
Entonces la señorita Celia se volvió hacia Ben diciéndole con tono respetuoso que hacÃa que el muchacho se sintiera como de la familia:
—Nosotros saldremos mañana. Dejo todo esto a tu cuidado. Procede como si estuviéramos aquà y yo te prometo que nada cambiará a nuestro regreso.
El rostro de Ben resplandeció, pero lo único que pudo hacer para demostrar su satisfacción y alivio fue echar más leña al fuego y avivar la hoguera hasta el extremo de que casi quema a sus compañeros.
A la mañana siguiente el hermano y la hermana partieron y los niños corrieron a la escuela ansiosos de comunicar la noticia de que «la señorita Celia y Thorny iban a casarse y que luego regresarÃan para quedarse a vivir allà por el resto de sus dÃas».