Bajo las lilas
Bajo las lilas —¡Oh, mamá!, ¡deja que nos quedemos aquÃ!… ¡Nosotras no contaremos ni una sola palabra!… ¡Lo prometemos! ¡Lo prometemos!… —gritaron Bab y Betty consternadas ante la idea de tener que alejarse precisamente en el instante en que iban a poder conocer un importante secreto.
—Por mà pueden quedarse —manifestó Ben, gentilmente.
—Muy bien. Quedaos entonces, quietas y calladas. Y ahora, muchacho, dime: ¿¿de dónde vienes? —preguntó la señora Moss mientras las pequeñas se ubicaban con toda rapidez frente a su madre, en el banco que era propiedad de ellas, llenas de curiosidad y satisfechas de poder enterarse de algo interesante.