Bajo las lilas
Bajo las lilas —¿Qué te parece? ¿Traerá Ben su canasto lleno? Nos divertiremos comiendo nueces y castañas mientras anochece —manifestó Bab cruzando las manos bajo su delantal porque era octubre y el aire se ponÃa muy fresco.
—Mamá dijo que podemos calentar las castañas en nuestras ollitas y Ben nos prometió la mitad de su cosecha —dijo Betty pensando aún en sus tareas culinarias.
—Guardaré algunas para Thorny.
—Y yo muchas para la señorita Celia.
—¿No te parece que ya ha pasado mucho tiempo desde su partida?
—Quisiera saber qué nos traerán.
Antes que Bab tuviese oportunidad de hacer conjeturas al respecto ruido de pasos y un silbido familiar las hizo mirar ansiosamente en dirección al camino y prepararse para gritar a voz en cuello: «¿Cuántas trajiste?» Pero ambas permanecieron sin pronunciar ni una sola palabra porque la figura que se detuvo frente a ellas no era le da Ben sino la de un desconocido, la de un hombre que dejó de silbar y se acercó lentamente quitándose el polvo de los zapatos en el pato y cepillándose las mangas de su gastada chaqueta de pana como si quisiese conseguir un aspecto más presentable.
—Es un vagabundo. ¡Huyamos!… —susurró Betty luego de dirigir una rápida ojeada al desconocido.