Bajo las lilas
Bajo las lilas —Ustedes han sido muy buenas con el cobre muchacho —fue todo cuanto dijo el hombre cuando la niña terminó su relato, a veces un poco confuso, pues mezclaba en él la descripción de la vieja cochera de la señorita Celia, sus cacerolas y ollas, las castañas y el circo.
—Naturalmente, porque también él es muy bueno y nosotros lo queremos mucho —manifestó Bab sinceramente.
—Sobre todo yo —aseguró Betty perdido el temor al ver que le suavizaba la mirada de los ojos negros y el rostro moreno adquirÃa una expresión de intensa alegrÃa.
—No se admiren si les digo que ustedes son al par de niñas más encantadoras que he conocido en estos últimos tiempos —y el hombre extendió sus brazos como si quisiese abrazarlas. Pero no lo hizo limitándose a sonreÃrles y a dirigirles nuevas preguntas que las niñas, muy confiadas y conversadoras contestaban sin vacilar conquistadas por aquel desconocido que ya no lo era para ellas, tan familiar les resultaba su rostro. Bab preguntó de pronto:
—¿No lo conozco yo a usted? Me parece haberlo visto antes…
—Es la primera vez en la vida que nos encontramos, pero tal vez han conocido a alguien parecido a mÃ.