Bajo las lilas
Bajo las lilas —¡Ni pienso en eso después del trato que te dieron, hijo!… He terminado con Smithers y estoy seguro de que quedó sin ganas de verme por un buen tiempo —respondió el señor Brown con un fiero brillo en los ojos que le recordó a Bab el que viera en los ojos de Ben cuando éste la sacudió por la pérdida de Sancho.
—Hay otros circos además del suyo en el mundo, pero yo tendré que entrenarme mucho antes de estar en condiciones de volver a ese trabajo —dijo el muchacho extendiendo y observando sus nervudos brazos con una mezcla de satisfacción y de pena.
—Has estado viviendo en la abundancia y has engordado, tunante —y el padre lo palmeó como hacÃa el señor Smithers con el gordo Wackford cuando lo exhibÃa como ejemplar de una famosa dieta—. No creas que podrÃa levantarte como antes; sobre todo, porque yo no he recuperado las fuerzas y ambos estamos fuera de entrenamiento. Pero no me interesa. He resuelto dejar ese trabajo y asentarme en cualquier sitio por una temporada. En un lugar donde pueda ganarme el sustento —prosiguió el padre cruzándose de brazos y mirando el fuego pensativamente.