Bajo las lilas
Bajo las lilas —Me preguntó si a usted no le gustarÃa quedarse por estos lados. El señor Town tiene una gran caballeriza no lejos de aquà y siempre ha dicho, que necesita un ayudante —comentó la señora Moss, ansiosamente, porque temÃa que Ben se alejara, ya que nadie podrÃa impedir al padre que se lo llevase.
—Me gusta esa idea. Gracias, señora, procuraré hablar con ese hombre y probar suerte. ¿Te parece que tu padre descenderÃa mucho si se convirtiera en un simple peón de caballos después de haber sido el primer jinete en el «Gran Coliseo y Casa de Fieras», Ben? —preguntó el señor Brown subrayando aquel pomposo tÃtulo con grandes risas.
—No, no me importarÃa. Debe ser hermoso ver el gran establo lleno de animales y tener que cuidar más de ochenta caballos. El señor Town me llamó para que fuese a ayudarlo cuando monté la yegua arisca a la que todos temÃan. Estuve por aceptar, pero la señorita Celia habÃa comprado los libros y pensé que se entristecerÃa si no regresaba al colegio. Ahora estoy contento de no haber aceptado, pues soy uno de los mejores alumnos Y me gusta ir a la escuela.